Mientras estaba en clase en la Universidad Mexiquense del Bicentenario nuestra atención se desvió al percatarnos de un rechinar de llantas, que aunque seguramente fue de un par de segundos para nosotros fue largo en duración, finalizando con el crujir de la lámina.
De inmediato la reacción natural fue asomarnos desde el tercer piso, atraídos por el nervio y la morbosidad, algunos con manos temblorosas pues temíamos lo peor.
Y después de ello la reflexión. Al volver a clase ¿por qué la prisa?
Es un acto que muestra el poco valor por la vida lo que puede apreciarse en estos eventos llenos de imprudencia.

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